miércoles, 7 de mayo de 2014

HIJA DEL SOL



Pasados catorce siglos

de tormentos y quebrantos,

se acercó una paloma

con su voz de ángel blanco,

me invitó a la sonrisa,

mas siguiendo su premisa,

ya se gozaron mis labios.


Fueron sus ojos de cielo

quienes mejor me adoraron,

quienes mejor me quisieron,

quienes mejor me miraron;

me dieron a beber ternura

y muchas copas de alivio.


Gracias, hija del sol,

gracias por ese abrazo,

por darme fuerza del viento

de Neptuno y de Vulcano.

¡Oh, dulce rayo de selva!

Resplandor de alto astro,

a veces eres estrella,

que no sé cuánto te diera

por esa boca de seda

y ese cuello de jaspe.


Me gustas cuando amaneces,

me gustas cuando te callas,

me gustas cuando silencias

tus dulcísimas palabras.


Me gusta verte las velas,

y verte cuando te bañas,

me gustas cuando me besas

y cuando mojada me abrazas.


PLÁCIDO ES TU NOMBRE



¡Oh, paz que me dais sosiego,
oh, senda de mis suspiros!
¡Qué bello es vivir con vos
y sin vos, cuántos martirios!
¡Qué sublimes son vuestros vientos,
qué pacíficos son vuestros ríos,
qué mansedumbre se palpa
cuando nos cubres de alivio!

Manifestación la tuya
cuando te beso y escribo.
¡Cómo te abraza mi alma,
cómo se goza mi espíritu!
Tú vives en mis entrañas
como un raudal escondido,
como una isla de amores
y a veces no te consigo.

¡Qué gran devoción la tuya,
cuando me abrigas de mimos,
cuando me besas el alma
y me enseñas tus caminos!
Amiga paz de mi vida,
¿tú sabes cuántos sollozos
surgen de mi corazón
para poder conseguiros?

Vos sois el candor del cielo
y mi alimento infinito.
Y sois mi cándido amor
y siempre por vos suspiro.
Todo mi amor os he dado;
y por vos cuánto he sufrido
y aún sigo, en mis angustias,
viviendo lo que no vivo.

No sabéis cuánto os lloro,
no sabéis lo que os ansío:
vos sois igual que mi amada,
porque en amor sois lo mismo.
“La paz os dejo, mi paz os doy”,
confesó el buen amigo.
Yo también os doy mi paz...
y a vos también os la pido.

TU BOCA


Tu boca, hermosura mía, tu boca,
tiene los jardines del alba,
y las diáfanas aguas que riegan
donde brillan tus jugosos lirios 
para saciar la sed que tengo
por tenerte en esta agonía
de la distancia que seca mi pecho.


Tu boca, semifusa y arpa mía, tu boca,
tu boca, es bosque de hada
tiene la dulzura del almendro
la candidez de la amapola negra
la suavidad de las esponjas de nácar
y la mirada que sutil me entregas
y en tus alamedas negras.

¡Quién pudiera escribir un verso en tu boca!
en la orilla de tus cielos
en esas playas que reciben el beso
donde duerme tu sonrisa
y reposa el misterio de tu amor
y el silencio que domina mis esperas
¡Oh, ángel de tierna entraña!

Tu boca, doncella mía, tu boca,
tu boca, es manantial de amores,
es un lago de cisnes que enamoran
es la calma que brilla en mi alborada
es el bosque donde encierro mis delirios
la noche donde brillan las estrellas
y la luna que se abrasa en la sombra.

Tu boca, doncella mía, tu boca,
tu boca, es la mar salada,
llena de espumas y de plata
y de fuentes donde la sed se sacia
de aquellos besos que agonizan
y desmayan cuando de ellos beben
es el cristal de agua enamorada.

Esa eres tú mi amada y tu boca,
es para mi boca, la bella flor de luna
la pasión que invade mis sentidos
por la locura de tenerte y de amarte
es el faro que me guía al puerto
y el canal por donde cruza mi barca
para llegar al edén de tu alma.



PARAÍSOS DE LA SELVA



 

Caminábamos juntos,

Hacía el monte por la leña,

pisábamos ramas y espinas

y hojas blandas de seda.


Habíamos cruzado las zarzas

las uses falsas y viejas

un roble de cuatro siglos

y las enmudecidas piedras.


Los dos veíamos el mar

desde la alta ribera,

cuatro chalanas en boga

y cinco barcas de vela.



 Bajamos al pedregal

cortando flores y hierbas,

nos mojamos nuestros pies

desde la redonda peña.


Descalzos fuimos andando

sobre las manchas de arena,

cogimos tres caracolas,

cien ostras y cuatro perlas.


Vino la brisa del mar

recostada en la marea

y una sonora canción

de la más bella sirena.


Subimos hacia el camino

para recoger la leña,

pero el sol se había ido

y aquel tiempo ya no era.


Todo se hallaba en silencio,

nada se oía en la sierra,

sólo mi querida ninfa

que se olvidó de la leña.


Nos sentamos otra vez

para mirarnos de cerca,

pero una nube de amores

nos arrojó en las hierbas.


Se había hundido el mundo

y la tarde se había ido,

mientras el fuego del sol

se fundía en dos estrellas.

los dos nos fuimos al monte


en busca de leña seca,

pero la dueña del bosque,

que vigilaba de cerca,

por tantas miradas dulces,

nos dio veneno de hierbas.



lunes, 5 de mayo de 2014

TU HORTELANO



Por un  momento quisiera,
desearía ser un hortelano,
del jardín de tus sueños
de tu bosque de plata
plantarte un sinfín de amapolas
lirios, nardos y azucenas
y destilar sus perfumes
entre tus bucles de avena
cabellos que son hechizos
y sedas de los amados,
y el tinte de tantas flores
escribirlo yo en tus labios,
dulcemente con mi boca
y el éxtasis del abrazo,
entonces vería el cielo,
con mis dedos en tus párpados,
uniéndome yo a tu pecho
para sentirme atrapado
por tu boca y labios de seda
bajo un beso prolongado
y dejar este recuerdo
en un  rincón bien guardado
y que nadie lo supiese
sólo el silencio y tus manos
que puestas en mis mejillas,
y tus labios en mis labios
dejando caer el mundo,
en nuestro espacio y tiempo
y luego se marcharía,
el huerto y el hortelano
quedando una leyenda grabada
cuyo recuerdo es sagrado,
de una poeta y sibila
y de un trovero lejano,
que viviendo su sueño eterno
sobre un rincón solitario,
y en las sombras de la noche
donde el silencio descansa.






VI CAER LA LUNA



Yo vi caer a la luna

en la estampa de mi barca.

La vi caer por la noche,

como una estrella de nácar.

 

Cuando vi su luz divina

y tanto color en llamas,

me escondí sobre las picas

debajo de las amarras.

 

Su resplandor me invadía,

la vista me la cegaba,

pero, tirándome al mar,

me fui guardando en las aguas.

 

Desde allí, yo vi la luna

a popa, sobre la estampa,

y saltando por la borda,

subí a mi propia barca.

 

Y enseguida y de repente,

ya le vi su dulce cara

y su melena de avena

caída sobre la barca.

 

La brisa estaba dormida,

la noche estaba estrellada

y yo moría de amores,

porque quería besarla.

 

Y acercándome a sus ojos

y a sus divinas pestañas,

quise tocarle en sus dedos

y me quemaron sus llamas.

 

Despacio yo fui sabiendo,

porque la luna no hablaba:

era el miedo a darme un beso

en mi boca de escarlata.

 

Cuando la noche de prisa

nos anunció la mañana,

ella se marchó dichosa

como musa enamorada.

 

Y yo me quedé tan solo

con el alma envenenada,

sin poder beber veneno

en los labios de mi amada.

 

Allí se quedó la luna,

allí se quedó la barca,

allí se quedó la noche

y allí se quedó mi alma.