viernes, 25 de abril de 2014

QUIERO MORIR CONTIGO



Despierta tú ¡Oh! Divina mía, quiero verte en la cresta de las olas
como la diosa de Neptuno para llevar los vientos en tu boca
y en tu frente una estrella luminosa para ver tu semblante.

Como bella mariposa y como pétalo de rosa, ¡oh! Vida mía,
quiero verte, verte venir a mis brazos como el agua a mis labios
que estoy muriendo sediento por la profunda sed de amarte.

Estrella de mis ojos, ¡oh! caricia mía, ven y dame el roce
de tus párpados y las blandas orillas de las playas de tu boca
dame un beso que expiro sin verte como el lirio de mi pecho.

Regocijo de mi alma, ven a mi dulce mía, dame tus ojos de luna
que de tus manantiales quiero beber el agua pura
y en el palpo de tus manos deleitar el sol y las estrellas.

Siento y veo mi desdicha por no poder alcanzarte
ha sido el cruel encanto furtivo de mi destino, anhelo mío,
luciérnaga de mis amparos, campanario de mis iglesias.

Cúrame las sangrantes heridas que resiste mi alma
con tus susurros y dulces besos en las sendas de mis labios
que resisto el inmenso delirio por amarte tanto.

Quiero morir contigo en los santos trigales de tus cielos
abrazados dándonos el último beso, tú y yo, pecho a pecho
en las sedosas arenas de tus arenales de luna.

DULCE AMOR



Tú presencia ángel mío
es suave pétalo de rosa
enredado en mis pupilas
como blanca mariposa.

Eres flor de mis almendros
eres cabaña y eres mi playa
gavina mía de mis entrañas
aunque lejana te abrigue.

El silencio en mi pecho se agolpa
Ven ayúdame, perla de mis ojos
y sálvame de este terrible tormento
que estoy entre las sombras
y en los infiernos dantescos.

Arráncame dulce amor mío
este llanto que me ahoga
que tanto asfixia mi pecho
por aquello que tanto quiero,
que quiero y que no tengo.

¡Oh! dulce mía, Ángel mío
cúrame con tu sublime caricia
con el deleite de tus besos
y con tus estrellas que alumbran
en las heridas de mis penas.

Gaviota mía quiero que abras
las puertas de nuestro encuentro
que enarboles nuestro amor
que me entregues ese último beso
ese beso que nunca nos dimos.

Fragata mía  iza tus mesanas
que estoy en la mar perdido
y no tengo salvamento,
ven a mí a darme vida.

Quiero llegar a tierra
para abrazarte y besarte
hasta sucumbir contigo
en tus brazos y en lo míos
a este amor santo y eterno.


EN EL SUEÑO DEL SILENCIO



La idea turbia
que llevo dentro,
tan dolorida
va en mi pecho.

No tengo nubes,
ni tengo cielos,
ni una estrella
que me de besos.

Ni hay susurros
de los que quiero,
de los que vuelan
hacia el secreto,
sobre la tierra
donde los muertos,
dicen que están
en nuestros cielos,

y nadie habla
sólo el silencio,
con el vacío
y el aire necio,
que solitario
guarda misterio,
bajo la tumba
del hombre muerto.

Saber si vive?
en nuestro suelo,
y si respira
sutil aliento,
o aire astral
viviendo suelto.

Pienso en saber
por el silencio,
si se levantan
todos los muertos,
sobre la noche
del cementerio.

Yo tengo angustia,
angustia y miedo,
por eso dudo
haya un misterio,
hasta en el aire
sobre el silencio…,
y resuciten
todos los muertos,
los que murieron
en otros tiempos.

Por eso duda
éste mi pecho,
de todo el mundo
que lleva muerto,
o se marcharon
del cementerio,
para que sitio?
para que huerto?
por eso dudo,
y así lo creo,
que de la tierra
que resucitan
y que se marchan
del cementerio.

EN EL SILENCIO DE LA SOMBRA



Soy la piedra solitaria,

el pedrusco perdido,

en el espacio escondido,

y la oscuridad advertida.


Estoy debajo de la tierra

oculto, donde los ecos callan,

al lado de los daimon,

los herederos de hades.


Todo es sordina y sombra

no hay palabras sonoras

es el silencioso espacio

para mis penas y angustias.


Sé que he quedarme y morir,

en este protervo  abismo

de ojales y lenguas  largas,

donde no habrá luz en mi alma

ni sendas pulcras, ni anchas.


¡Qué lejos y qué hondo foso!

y qué anaconda sitiada

sobre el árbol de los lerdos

y nunca en las sabias ramas.


Ni en mis venas, ni en mi sangre,

ni en mis ojos, ni en mi alma,

ni en mi boca tengo las sombras

de los hechiceros magos

y no quiero parecerme,

a esos dueños de falacias.


Qué lejano foso me espera

yo no soy nada, ni nadie

ni fui ayer, ni seré mañana

porque el destino me hizo paria,

mendigo de todo y de nada

y protesto a su sentencia.

¡Yo soy lo que soy!

y en alegorías lo expreso.


Soy una estrella perdida

sin luz que divaga escondida

una galaxia escaldada,

aquella voz que suspira

cuando vierte tantas lágrimas

sucumbido en esta nada.


ERA ELLA



Circulaban el aire y las estrellas

el paraíso se quedó desierto

y  ensangrentado sobre la tierra

el abismo vacío y oscurecido,

vestía rojo, amarillo y cobrizo

los humos salían del barro

y cubrían las sombras

que ella había señalado.


Era ella, la matrona de la sombra,

la que divagaba por todos los senderos

y encendía sublimes piedras


Sollozaba la brisa muy triste

inclinada sobre las aguas del río.

las montañas avanzaban en besos

y se perfilaban por los espacios del silencio.


La luna estaba afligida y solitaria

y las noches todavía eran albas,

pero era ella, quien paseaba

por las sendas de su selva

y se movía a complacencia,

en la profundidad de la otra noche,

de su propia sombra.


Nada había para ella:

sólo el sabor de la sangre

y el fulgor de ver lo que había hecho...


Inflamaba la tierra,

gritaban los volcanes,

pero ella se vestía de estrella

para iluminar todos los senderos

y los tesoros de su selva.


Pero fue ella, cual hembra ingrata,

bestia, maldita e insurgente

vigorosa de aquella luz etérea

quien luego murió en la oscuridad,

y se quedó en la más profunda fosa

yaciendo en las tinieblas de su sombra.